Ojo de Venado
Gracias por estar ahí conmigo. Esto también es tuyo.
Techalotl, preciosa princesa azteca, sostenía un compromiso con Painal, distinguido guerrero tlaxcalteca. Ella se encontraba de pie, completamente vestida con el ajuar de novia que utilizaría para la próxima ceremonia. Hermosa, hermoso ajuar. En especial aquéllas pequeñas flores secas, aquéllos "ojos de venado".
Hermoso ajuar, triste novia. Su corazón no estaba con el de Painal. Ella no deseaba dar aquéllos pasos y su mente giraba y giraba para hallar la manera de evadirlos.
Painal había escuchado acerca de la belleza de Techalotl y deseaba que fuera suya, aún cuando nunca había conocido sus sublimes y más profundos pensamientos ni sentimientos. Incluso sin conocer su fisonomía. Debía ser suya y pronto lo conseguiría.
Techalotl miraba el valle a través de la ventana de adobe en su habitación cuando una aparición la sobresaltó: Un brazo rojo y fuerte con tatuajes negros se asomaba. Era Painal que en un instante ya había bloquedo toda posibilidad de escape, pues poco a poco su cabeza se iba asomando. Painal fijó su mirada en la de Techalotl e inmediatamente en los "ojos de venado". Techalotl dió media vuelta y corrió en dirección opuesta hacia la habitación continua donde se encontró con su dama... necesitaba hacer algo pronto.
Juntas idearon un plan y de un momento a otro ya había dos hermosas y asustadas novias. Existía un problema: Los "ojos de venado" debían estar secos, y los de Techalotl habían sido preparados con meses de anticipación. No existía posibilidad de conseguir otros: Estarían vivos, frescos... Sería la única diferencia.
Painal entró estrepitosamente en la habitación donde se encontraban ambas novias en compañía de un gran séquito. Las respiraciones se contuvieron por unos instantes y las miradas fueron desviadas para no hacer notar la Vida en aquélla habitación. Era necesario que los "ojos de venado" estuvieran secos...
2 Julio 2005
Etiquetas: náhuatl, narraciones, sueños
Chalchivitl
La primera vez que me enteré lo que era un chalchivitl pensé que quería ver uno. Pensaba en cómo se vería su brillo, su hermoso color verde transparente. Y me decía a mí misma: “Cuiacatlmolotl, algún día lo verás”. Pero Chalchiunenetl me decía que sería mejor nunca verlo, porque si así fuera querría tocarlo.
Yo seguía imaginando la belleza del chalchivitl y pensaba en sus características. Se convirtió en una necesidad el que mis ojos se posaran en él, así que mis acciones se enfocaron en ello. ¡Lo logré! Logré ver un chalchivitl. En ese momento, que me pareció todo un siglo ensimismada, pensaba que ahora no podía conformarme: Debía tocarlo.
Chalchiunenetl había tenido razón: Ya no era suficiente sólo admirarlo, debía sentir si era tan liso como parecía, sus bordes, sus facetas... debía tocar la belleza que observaba. No fue fácil, tuve que valerme de una serie de artimañas y trucos, pero al final lo toqué. ¡Era magnífica la sensación! De repente estaba en un mundo verde, con olor “verde” y textura “verde”. ¡Me encantaba! Pero mi mente insistía en que no podía haber sido la única vez que experimentara la maravillosa sensación de hacía sólo unos momentos. No, ahora era una necesidad poseer el chalchivitl. Fue imposible, no pude obtenerlo en ese momento y en esas circunstancias.
Regresé a mi chantli y no dejaba de pensar en la forma de hacerme de ESE chalchivitl, el que había imaginado y luego visto, sentido y olido. ¿Por qué su sabor no era “verde”? ¿Por qué su sonido no era “verde”? Esas ideas me atormentaban. Pensé: “Cuiacatlmolotl, debes ser razonable, tranquilízate, piensa y analiza la situación con calma”. Eso fue después de escuchar las palabras de Chalchiunenetl: “Cuiacatlmolotl: Al final, no es el único chalchivitl, piensa en lo que quieres en TU chalchivitl”.
Entonces comencé a pensar cómo quería y cómo sería Mi chalchivitl, el que fuera para mí, con lo que yo necesitaba, lo que me haría feliz. No me conformaría.
Mi mente empezó a darle forma a Mi chalchivitl, al que yo merecía. Si, ese chalchivitl, el que estaba hecho para mí, no debería ser verde, debería tener una gama de tonalidades verdes, desde el verde esmeralda hasta un verde-sepia, con destellos de un verde brillante, que me iluminaran. Además, yo quería que no sólo oliera “verde”, quería que tuviera también un aroma floral, ¡me encantan las flores! Con una nota cítrica. Quería un aroma fresco que me revitalizara y me hiciera soñar, pero a la vez me hiciera darme cuenta que el mundo no se acababa ahí, si no que es vasto, amplio y grande. ¡La textura! Mi textura sería suave pero firme, segura, también “verde”, pero no sólo “verde”. Verde, verde, sabor y sonido “verde”. Si, pero el sabor también sería dulce, salado, agrio y hasta amargo. La idea de sonido “verde” me encantaba, quería que fuera armonioso, verdadero, honesto, amoroso, quería un sonido inteligente, grandioso... Así sería MI chalchivitl.
Ya no era una necesidad encontrarlo. Pero un día lo vi. Era perfecto, tal y como yo lo deseaba. Y me dije: “Cuiacatlmolotl, éste es TU chalchivitl, el Chalchivitl”.
12:25 amchalchivitl –chalchiuitl
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