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domingo, marzo 11, 2018

El domingo


Ella estaba feliz: era su día favorito de la semana. ¡Por fin podría hacer ejercicio y desfogar toda su energía! A su familia le gustaba caminar por el centro de la ciudad, admirar las luces de la magnífica Catedral y comprar un esquite o unas chalupas, aunque a ella nunca le compraban.

Francisco, el jerarca de la familia, le decía todo el tiempo cuánto la quería y Julieta, su esposa, siempre le daba “besitos de amor verdadero”, como los llamaba. Ella tenía hermosos recuerdos de su infancia, llenos de amor, disciplina y mucho, mucho juego.

Ese domingo saldría con sus padres y eso la hacía muy feliz. Ella disfrutaba especialmente de subir al bordillo de la reja de la magnífica catedral, perseguir a las palomas en el Parque del Carmen y ver las burbujas que eran transparentes, pero a la vez de colores en el Zócalo de la ciudad. Sí, el domingo era definitivamente su día favorito.

Aquel domingo, como otros domingos, la familia completa salió a caminar. Algo parecía distinto y cada quién caminaba por su parte: cerca, pero no juntos. Algo había sucedido. Ella lo notó, pero decidió no darle importancia y como siempre hacía, sin que nadie le hubiera enseñado, disfrutó el momento: ponía atención a cada detalle a su alrededor notando las sutiles diferencias. Además, tenía la capacidad de hacer amigos a través de su sonrisa y ese día no fue la excepción. ¡Estaba siendo un gran domingo pero su familia no lo estaba disfrutando igual que ella! Eso la entristeció.

De regreso a casa, caminó al lado de Francisco y lo empujó sutilmente hacia Julieta. Julieta miró a Francisco y le dijo algo que ella no alcanzó a comprender, pero Francisco respondió a Julieta sin palabras, tomándola de la mano. ¡Eso sí que lo comprendió! Ella los miró sonriendo satisfecha, los envolvió con su correa, brincó a su alrededor con mucha alegría y pensó que a veces no entendía por qué su padre y su madre se complicaban la vida y no simplemente admiraban la explosión de luces y olores a su alrededor, disfrutando un nuevo domingo juntos.

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miércoles, noviembre 07, 2007

Mis Flores III


Azul
Óleo sobre cartón
25 Marzo 2005


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lunes, octubre 15, 2007

Desafiando a la gravedad y a la realidad

Puedes fingir ser alguien más en la vida real y en la ficción. Los escapes ficcionarios son los que muchas veces hacen que caigan las máscaras en la vida real. Y en realidad, resulta maravilloso fingir ser alguien más por un breve lapso de tiempo, transformarte, maquillarte, vestirte, hablar y actuar como si fueras alguien más, como si vivieras en otras circunstancias.

Yo lo he hecho. Probable, muy probable, definitivamente no soy una buena exponente. No tengo ese don. Nuna deseé dedicarme a eso, ni ser profesional, ni hacerlo magistralmente, ni tener el rol principal, ni elevar mi ego, ni mi autoestima con aplausos; simplemente transformarme y liberar el estrés y las presiones a las que me ví sometida después de acontecimientos circunstanciales.

Y lo logré: fuí una carcelera, una cortesana, una esposa molesta-golpeadora, una dama francesa-intrigosa de alta sociedad, una ninfa, una mujer acechada por el fantasma de una amiga y un ente extraño probablemente incorpóreo. Usé faldas largas, anduve descalza, dí de comer frutos a los hombres y bailé con ellos, usé una corona de flores, ondulé mi cabello, tatué mi cara de brillos azules y morados, lancé polvos mágicos, recogí mi cabello, abaniqué mi cara, hice volar mi vestido, fuí víctima de un juego de tiempo, descifré enigmas, me mantuve inmóvil, encrespé mi melena y mis ojos fueron rojos. Todo, por unos breves instantes, exquisitos, incuantificables.

Y ahora, desde el otro lado, sentada y observando, lo sigo disfrutando. Y fue maravilloso descubrirlo... y acordarme.

Me emocionó, me emocionó muchísimo. Ahora disfruto lo que es sentirte envuelto en otros aires, en otras tierras, en otros tiempos... gracias a ellos. Me encanta, me encanta sentirme identificada con alguien, detestar a alguien, asustarme, alegrarme, llorar y un momento después reír, reflexionar y después querer saberlo todo, todo. Me encanta todo el ambiente que se crea alrededor: desde el mínimo presupuesto donde todo es figurado o se dibuja con movimiento hasta una enorme producción que cuida cada detalle en espacio y tiempo.

¡Y Dios! Es un lujo innecesario. Pero lo que sí es necesario es no perder la capacidad de imaginar.

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domingo, julio 22, 2007

Sé mis ojos

Hay personas que viven lo que uno desearía estar viviendo, que ven lo que uno tanto anhela ver. Y cuando hablas con una de estas personas, no esperas mas que lo viva todo, lo vea todo, lo huela todo, lo sienta todo... y después te lo platique, y puedas vivirlo como si tú mismo hubieras sido el que pisó otras tierras, conoció a otra gente, disfrutó un momento, o saboreó un triunfo.

Cuando eres tú el que deja sus pasos en arenas de otros playas, el que habla en otros idiomas, el que experimenta otros sabores, el que obtiene reconocimientos a sus esfuerzos, el que se abre camino, el que experimenta placeres, el que goza... entonces tienes la obligación de ser los ojos de los demás, de ser sus manos y sentirlo todo, de ser, también, su corazón, pues puede que generaciones hayan pasado antes por esta Tierra, que se han esforzado y no lo han logrado... todo para que tú sí puedas, para que tu sí seas sus ojos... y si puedes, se los platiques todo.

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jueves, mayo 11, 2006

Insomnio

Una sustancia altera mi sueño.
Pero mi propia mente lo altera más.
Puedo comprobar su poder.

Hace más de un mes...
Cada noche lo temo, lo recuerdo.
Los minutos, las horas, el despertador, el sol...
Sin descansar.
Mi cuerpo cansado.
Mi cerebro trabajando, cantando, contando, pensando.
"¿Cuánto tardaré en dormirme?"
"¿Ya me estoy durmiendo?"
"Sigo cantando, deja de cantar... piensa en nada"
"Ya me estoy durmiendo... No, ya no"
"¿Para qué me hago tonta...?"
Prendo la luz.
Leo.
El corazón me palpita muy rápido, como taquicardias.
Desesperación.
Me pregunto si será similar a la desesperación de un suicida.
Pastillas.
Miedo.
Lágrimas.

Más de un mes después.
Anochece y se acerca.
"¿Qué tal si no logro dormir?"
"No logré dormir"
Ninguna sustancia, sólo el pensamiento, el miedo.
"Pastillas"
Lágrimas
Se acerca el amanecer.
El despertador.
Logro dormir.
Debo despertarme, tengo que llegar.
Logro dormir.
5 a.m. y... ya no más.
Logro dormir.
2 a.m., 4 a.m., 6 a.m., 8 a.m.


"¡Quiero dormir!"
Pensamiento: "¿No puedes sólo irte, irte, irte?"

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martes, marzo 08, 2005

Soy un ave

Estoy envuelta en mis brazos.
La música con toques celtas empieza lentamente. Aún estoy atada. La música es suave, suave, va subiendo un poco, un poco màs. De repente da un brinco, ¡Yo también lo doy! Ya no estoy atada, puedo alzar los brazos, la mùsica tiene un ritmo especial y de repente doy un giro. Lo sentí, sentí el aire que se generó con ese giro.
La música me lleva, abro los brazos, son mis alas. Entonces la música empieza a ir más rápido y yo sigo su ritmo: giro, brinco, doy pequeños pasos que me llevan a descubrir mi alrededor, grandes zancadas que hacen que sienta el viento. Giro, giro, giro, me inclino hacia un lado, doy un salto, siento el viento. Mis brazos se elevan, se balancean, giran conmigo, me envuelven, de nuevo se elevan, los abro y doy una vuelta. Mis piernas sólo siguen el ritmo, van de un lado al otro, se apoyan en un pie, giro, giro, giro, me balanceo para el otro lado... de un lado a otro una y otra vez. No pienso en los límites del círculo, ni en desplomarme. Soy feliz.
Siento el viento y me doy cuenta que estoy cansada, es tiempo de planear. La música disminuye, es el momento preciso para abrir los brazos y dejarme llevar. Eso hago, me inclino, siento el aire, me admiro, siento el aire, soy libre. El viento se siente en mi cara, en mis brazos y en mi pecho.
La música empieza a subir de nuevo, es hora de reemprender el vuelo. Se acelera, se acelera, giro, da un sobresalto, yo alzo los brazos y doy un brinco. Voy de un lado a otro, la música es bella, me muevo con ella. Sigo girando, primero lentamente y poco a poco más y más rápido. Mis brazos suben y bajan. Brinco, giro, inclino el cuerpo para un lado y para el otro. Por momentos planeo y vuelvo a elevarme.
La música empieza a disminuir, doy otro giro, disminuye un poco mas, siento el viento, un poco más y un último giro suave. Planeo, planeo, suavemente. La música finaliza, yo me detengo lentamente. Abro los ojos. Estoy exhausta. Soy feliz, soy libre.
24 de febrero

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