El domingo
Ella estaba feliz: era su día favorito de la semana. ¡Por
fin podría hacer ejercicio y desfogar toda su energía! A su familia le gustaba
caminar por el centro de la ciudad, admirar las luces de la magnífica Catedral
y comprar un esquite o unas chalupas, aunque a ella nunca le compraban.
Francisco, el jerarca de la familia, le decía todo el tiempo
cuánto la quería y Julieta, su esposa, siempre le daba “besitos de amor
verdadero”, como los llamaba. Ella tenía hermosos recuerdos de su infancia,
llenos de amor, disciplina y mucho, mucho juego.
Ese domingo saldría con sus padres y eso la hacía muy feliz.
Ella disfrutaba especialmente de subir al bordillo de la reja de la magnífica
catedral, perseguir a las palomas en el Parque del Carmen y ver las burbujas
que eran transparentes, pero a la vez de colores en el Zócalo de la ciudad. Sí,
el domingo era definitivamente su día favorito.
Aquel domingo, como otros domingos, la familia completa salió
a caminar. Algo parecía distinto y cada quién caminaba por su parte: cerca,
pero no juntos. Algo había sucedido. Ella lo notó, pero decidió no darle
importancia y como siempre hacía, sin que nadie le hubiera enseñado, disfrutó
el momento: ponía atención a cada detalle a su alrededor notando las sutiles
diferencias. Además, tenía la capacidad de hacer amigos a través de su sonrisa
y ese día no fue la excepción. ¡Estaba siendo un gran domingo pero su familia
no lo estaba disfrutando igual que ella! Eso la entristeció.
De regreso a casa, caminó al lado de Francisco y lo empujó
sutilmente hacia Julieta. Julieta miró a Francisco y le dijo algo que ella no
alcanzó a comprender, pero Francisco respondió a Julieta sin palabras, tomándola
de la mano. ¡Eso sí que lo comprendió! Ella los miró sonriendo satisfecha, los
envolvió con su correa, brincó a su alrededor con mucha alegría y pensó que a
veces no entendía por qué su padre y su madre se complicaban la vida y no
simplemente admiraban la explosión de luces y olores a su alrededor, disfrutando
un nuevo domingo juntos.
Etiquetas: admiración, alegría, felicidad, Kahvi, maravillas, mascota, miradas, pareja, sentidos
Reunión de Famosos
Chequen esta imagen. ¿A cuántas personalidades que han trascendido pueden identificar?
...
...
Yo identifiqué a:
1. Lenin
2. Clinton
3. Pelé
4. Hitler
5. Beethoven
6. Chaplin
7. Einstein
8. La reina Isabel
9. Elvis
10. Napoleon
11. Shakespeare
12. Marx
13. Sócrates
14. El Ché
15. Fidel Castro
16. Osama
17. Yasser Arafat
18. Marilyn Monroe
19. Confucio
20. Kirk Douglas como Espartaco
21. Bush
22. Pavarotti
23. Lincoln
24. Trotsky
25. Michael Jordan
26. Moisés
27. Gandhi
28. Toulousse-Lautrec
29. Mao
30. Gengis Khan
31. Aistóteles
32. Mohammed Ali
33. Saddam Hussein
34. La reina Sofía de España
Tengo dudas si son:
1. Lisa Minelli
2. Alejandro Magno
3. Mozart
4. ¿Qué faraón?
5. Bill Gates
6. Bruce Lee
¡Los invito a hacer crecer la lista! ¿A quién identifican?
Etiquetas: miradas, respuestas, trascendencia
Aquí
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Huellas en la estraza
Yo había rentado una camioneta en aquélla última ciudad. Él y yo planeábamos descubrir aquélla otra ciudad... la perdida, la que no se encontraba en el mapa... moderno.
¿Cómo había llegado a mí aquél otro mapa? Eso era un misterio: una noche había una tormenta eléctrica, me encontraba en la reducida biblioteca de mi cuarto y quería saber qué ruta debía tomar cuando algún día hiciera mi tour asiático (después del tour-mochilazo sudamericano). Abrí mi Atlas y cayó un pedazo de papel estraza. El papel era de alrededor de 15 x 15 cms., rasgado y con manchas muy viejas de grasa. Era un boceto a pluma negra. ¿De quién había sido? No lo sé. Había comprado ese Atlas por $5 en una rebaja de “El Tomo Suelto”, librería de viejo en la calle de Donceles. Después de que el papel estraza cayó, vi que tenía el número 24 en un círculo. Los mapas estaban numerados, el 24 era un acercamiento a la región de los Tuxtlas, la selva Olmeca, en Veracruz.
Tres años después, habíamos salido de Puebla a las 6:30 de la mañana en el coche de su padre. Al llegar a Orizaba, poco tiempo después, nos estacionamos y rentamos esta camioneta. La suspensión debía ser mayor, a donde íbamos, sin una buena suspensión, no sobreviviríamos.
El boceto, un intento de mapa topográfico a muy alto nivel, marcaba la ubicación aproximada de una ciudad. El nombre de la ciudad, que llamaremos “J”, estaba escrito a un lado. “J”. Nunca la había oído. En los Tuxtlas, en la zona Olmeca, en la zona de la cultura madre.
Él había manejado de Orizaba a Catemaco unas cuatro horas y media. Después, en medio de una llovizna, nos hospedábamos, cenábamos y después de eso, descansábamos: al día siguiente nos enfrentaríamos a la selva.
Los Olmecas no habían hecho construcciones perdurables. Sus ciudades, sus asentamientos no contaban con pirámides u observatorios imponentes como alguna vez vi en Chichén-Itzá o Palenque. Se sabía que había habido un asentamiento en, por ejemplo, las tan afamadas La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes, por las cabezas colosales talladas en piedra y por estelas y otros artículos; no por construcciones para un centro ceremonial que pudiera perdurar. Entonces, ¿qué era esta ciudad?
Catemaco es hermosa al amanecer: la laguna se ilumina y la imagen de las aves cantando y volando sobre los reflejos será inolvidable... aún después de la muerte. El rumbo de la estrecha carretera que tomamos es y será secreto. La selva estaba viva, cantaba, era verde, roja y amarilla. Hermosa. La lluvia comenzó a refrescar cada hoja, a refrescarme a mí, tomando fotos y tratando de indicar rumbos en el vago mapa; y lo refrescaba a él, cuyo camino se hacía cada vez más difícil con los encharcamientos y los vados. Muy cansado, con los cinco sentidos atentos. Yo intentaba aligerar la repentina tensión cantando Old McDonald had a farm.
Los Olmecas desaparecieron sin laguna razón documentada. ¿Y si esta ciudad guardara el secreto de su desaparición? Pero, ¿cómo?
Después del medio día llegamos a un poblado, pequeño, que estaba marcado en el mapa. Íbamos bien, todavía no nos habíamos perdido. No había ningún establecimiento donde comer. Llegamos a una casa y ofrecimos pagar por una comida. Los aldeanos eran callados y nos observaban con recelo. Vestían humildemente y tenían unas cuantas gallinas y un guajolote... y eran de raza negra.. Intentamos preguntar si conocían en nombre de “J”, pero no obtuvimos respuesta alguna... tan sólo un cruce de miradas, entre ellos. Se hacía tarde, debíamos continuar... hasta donde se pudiera. La lluvia era más fuerte.
No había nada documentado, Los investigadores y arqueólogos respondían a los mails explicando las suposiciones que tenían acerca de la desaparición de “J”. Nadie había oído jamás de “J” y nadie creyó que habláramos en serio cuando decíamos que teníamos un mapa.
Al subir de nuevo a la camioneta, un niño se acercó. Me preguntó cómo era la ciudad. Le dije que mi ciudad era enorme, con grandes construcciones verticales, con mucha gente y con mucho ruido. Me dijo: “Así es ella”, me dio una figurilla de un jaguar hecho de jade y señaló un punto muy lato envuelto de rocas y árboles. Dio media vuelta y se fue.
¿Y si en realidad los olmecas se habían aislado a través de barreras naturales? No habrían desaparecido, simplemente se habrían ocultado. Tal vez siempre habían estado ahí, ocultos, protegidos por la selva.
Cada vez que ascendíamos por la pequeña vereda, la lluvia disminuía. Al llegar al punto señalado por el niño, el mirador, estábamos exhaustos. Desde ese punto se veía todo el terreno, era un punto privilegiado. Y ahí, en medio de la selva, en medio del verde, sobresalía una pequeña punta trunca de piedra. Se veía pequeña, pero estábamos seguros que no lo era. Esa era “J” y esa punta era una pirámide ceremonial.
¿Y si en realidad no se ocultaban sino que vivían en un plano paralelo? Tal vez habrían encontrado la manera de coexistir en una dimensión alterna donde no se vieran afectados por los acontecimientos en los otros planos, en nuestro plano.
Tomé el papel estraza, lo giré y encontré el camino a seguir. Regresamos a la camioneta. Él estaba exhausto; horas y horas de manejo... Pero necesitábamos llegar ahí. Tomé el volante y ya estaba chispeando de nuevo. Se fue la luz del día y el camino era cada vez más difícil. La neblina. Él me daba instrucciones, me señalaba el camino. La lluvia crecía y los sonidos de los animales de la selva eran cada vez más intensos. La lluvia era más fuerte, ya no veía nada. Decidí parar, decidí que pasáramos ahí la noche, rodeados de animales y sonidos. Y justo en ese momento, pasando una pequeña colina, se veía un poblado. No era un poblado, era “J”.
Nos miramos. Encendí el motor, aceleré, aceleré y aceleré. De repente de cada lado del camino la lluvia y el agua acumulada en la selva se juntaron de tal manera que formaron una enorme barrera de agua de metros y metros de altura. Yo seguí acelerando sin pensar, hasta toparnos con la enorme pared de agua. Creí que la cruzábamos, que el agua que en cuestión de segundos fue rodeando la camioneta y que en otro segundo estaba dentro, acabaría cruzando la barrera. El agua entró y fue subiendo rápidamente hasta alcanzar nuestros cuellos y después nuestras bocas. Intenté abrir las puertas, pero no cedieron. Intenté bajar los vidrios y no pude. Yo lo miré y le pedí perdón con esa mirada un momento antes de buscar con la nariz el último espacio libre de agua. Después, el líquido entró por mi nariz, vi unos ojos de felino y todo se nubló.
La camioneta fue encontrada tiempo después cerca del poblado del niño y lo único que se halló dentro fue un pedazo de papel estraza, seco, pero con esas antiguas manchas de grasa, Y por supuesto, mis huellas digitales y las de él, y las de quién sabe quién más.
Y nosotros ahora estamos Aquí.
18 Enero 2008 12:45 AM
Etiquetas: México, miradas, muerte, narraciones, viajes
Volteando hacia arriba
Y si volteamos hacia arriba encontramos...

Etiquetas: admiración, agradecimientos, conmovedor, felicidad, Mano Superior, maravillas, miradas, mis pasos, viajes
Visitando a los abuelos
Ya tenía tiempo que quería visitar a mis abuelos. La última vez fue hace nueve años. Este fin de semana me levanté temprano y fuí. Fue difícil encontrarlos, mis recuerdos eran vagos: sigues derecho y del lado derecho. ¿A qué altura? ¿Qué había alrededor? Requerí de ayuda.¡Los encontré! Ahí estaban los dos: mi abuela sobre mi abuelo. Ella convertida en polvo en una pequeña caja, él en un espacio más grande, seguramente aún en huesos.Las letras, que alguna vez reflejaban sólo un nombre, estaban ya borrosas; y mientras yo removía la placa y sacaba la tierra para encontrar el florero que ahora sólo florecía de pasto por falta de visitas, un niño repintaba los nombres y fechas con pintura de aceite, como cada domingo lo hace, ofreciendo sus servicios a los dueños de los nombres y siendo pagado por las visitas.Cuántas buenas acciones durante tantos años, cuántas amistades, cuánto dinero acumulado, cuántos hijos... y el florero está vacío en el lugar de reposo de la élite de ese pequeño universo.Las flores púrpuras, la rosa y el rehilete los saludaron y después de hablar con ellos brevemente, de pedirles que me iluminaran con su sabiduría y de un par de ojos acuosos y un corazón lleno de reproches y tristezas, nos despedimos. No para siempre.Etiquetas: conmovedor, crónicas, flores, Mano Superior, miedos, miradas, muerte, trascendencia, tristeza
Los oídos para un nombre
Voy al baño y me encuentro a la señora que hace la limpieza.
- ¡Ay señorita! Se parece usted un chorro a X.
- ¿A quién?
- ¡A X! La de la comedia.
- ¡Ah no! No la he visto.
- ¡Sí! Entró usted y dije: ¡Ay se parece un chorro a X!
- Híjole, pues no la he visto, pero la voy a ver nomás para ver si es cierto.
- Pero está bonita ehhh. No se crea que la estoy insultando.
- ¡Ay, muchas gracias!
- Sí, mi nietecita quiere que le compré un vestido como el que X usa. Ahora que me paguen le voy a comprar uno, ya sé dónde los venden.
- ¿Apoco tiene usted nietos? ¡Se ve muy jóven!
- Pues, ¿cuántos me calcula?
- Mmmmmmm, unooooos ¿47?
- ¡Uy! Hágame la buena. Nooooooo, tengo 56
- Pues se ve usted muy jóven. Ha de haber tenido hijos muy chica.
- Ni tantooooo. Tengo ya 6 nietos, gracias a Dios. Mi hija tiene 30 años y mi hijo 28.
(Se activa el "flush" automático)
- ¿30? Fíjese, mi mamá tiene 55 y yo soy la más grande.
- ¿Cómo cree? ¿Cuántos años tiene?
- 23
- Es que yo me casé muy chica. Estuve 38 años con mi esposo.
- ¡Qué aguante!
- Sí ¿verdad? Pero hace 2 meses y medio falleció.
- Lo siento mucho
- Gracias
- ¿De qué murió?
- De diabetes. Sufrió mucho. Tenía 58 años.
- Muy joven
- Sí
(Se le llenan los ojos de lágrimas)
- ¿Y cuándo murió?
- Hace 2 meses y medio. Ya estaba muy mal: Se le llenaron los pulmones de agua, el corazón ya no le fucionaba bien... Al final me dijo que ya no lo llevara al hospital, que ya se iba a morir. Y sí, él lo presintió.
- Es una enfermedad muy cruel.
- Sí, conseguimos un doctor que según era muy bueno, nos cobraba $1500 por consulta más medicamentos... y al final nos dejó. Ya no había solución.
(Se le corta la voz)
- ¿Y desde cuándo le dió?
- ¡Uy! Bien joven, tenía 40 años, pero nunca se cuidó. Ya al final estaba muy cansado, le dolía mucho porque le tenían que hacer diálisis cada vez.
- Bueno, pero ya está con Dios, ya está tranquilo y ya no está sufriendo. Usted debería estar tranquila también.
- Pues sí.
(Una lágrima)
- Usted esté tranquila.
- Pues sí. Lo bueno es que mi compañera me guardó mi lugar y pude regresar a trabajar. Me encerré durante 2 meses y luego ella me dijo que tenía que salir y regresar. Y pues sí, mis hijos ya están grandes, tienen sus familias y nimodo que yo dependa de ellos.
- Así se distrae y se siente útil.
- Nimodo, tengo que aprender a vivir sin él... y a continuar. No hay de otra.
- Sí, y tiene a sus hijos y a sus nietos.
- Eso sí señorita
Y creo que al menos le alegró un poco el corazón ser escuchada y llorar un poco, no ser vista con indiferencia, ni como "la señora que limpia el baño".
¿Cuántas historias hay ocultas tras de almas sencillas? ¿Cuántas historias necesitan ser contadas para liberar tristezas? Y sin embargo no encuentran oídos. Me partió el corazón, llegué a llorar a mi lugar.
La próxima vez voy a preguntarle su nombre.
Actualización (30 Agosto 2007 ): Se llama Lucía.
Etiquetas: conmovedor, crónicas, Mano Superior, miradas, muerte, mujer, tristeza, vida
Sé mis ojos
Hay personas que viven lo que uno desearía estar viviendo, que ven lo que uno tanto anhela ver. Y cuando hablas con una de estas personas, no esperas mas que lo viva todo, lo vea todo, lo huela todo, lo sienta todo... y después te lo platique, y puedas vivirlo como si tú mismo hubieras sido el que pisó otras tierras, conoció a otra gente, disfrutó un momento, o saboreó un triunfo.Cuando eres tú el que deja sus pasos en arenas de otros playas, el que habla en otros idiomas, el que experimenta otros sabores, el que obtiene reconocimientos a sus esfuerzos, el que se abre camino, el que experimenta placeres, el que goza... entonces tienes la obligación de ser los ojos de los demás, de ser sus manos y sentirlo todo, de ser, también, su corazón, pues puede que generaciones hayan pasado antes por esta Tierra, que se han esforzado y no lo han logrado... todo para que tú sí puedas, para que tu sí seas sus ojos... y si puedes, se los platiques todo.Etiquetas: admiración, agradecimientos, miradas, poder de elección, sentidos, trascendencia, viajes
Las Miradas
Algunas miradas...
No saben mentir.
Aún menos si su objetivo
es imposible de mirar con los ojos abiertos.
Etiquetas: miradas, pareja
Matatenas de Colores
Las matatenas de colores subían y bajaban... y yo me preguntaba por qué nunca me había interesado en ellas. Mi madre había sido experta. ¿En matatenas? Pero nunca me pareció mínimamente atrayente, así como nunca me habían parecido interesantes tantas otras cosas que no se relacionaran con mi momento.
Alguna vez intenté hacer mi árbol genealógico, pero tenía tantas ramas y enlaces extraños que deserté de mi misión. Debería intentarlo de nuevo... En realidad las cosas serían más complicadas en éste momento por... situaciones. Debí aprovechar el pasado. Aunque...
Entre las leyendas del pasado y los nombres, fechas y lugares que se oyen, sólo se recuerda unos cuantos, probablemente modificados de los reales. El medallón... la sangre... los huesos... una bolsa con monedas... la playa... el caballo... el tren... la leche... Y como siempre, la versión oficial es de quien la cuenta.
Sería agradable llevar un registro de cada vida, de cada momento, de cada emoción, porque después de todo "Cada ser humano es un Cosmos de sueños, de aspiraciones y deseos". Al final, a quien le interesara podría sorprenderse, maravillarse, sentir , pensar y descubrir por qué lleva el nombre que lleva, por qué nació en la cuna en que nació y por qué razón está leyendo ese recuento en éste momento y no es alguien más con otros pensamientos y otras características... Pues todos estamos interconectados.
Cuando hay un Club de la Buena Estrella que se interesa por sus Raices, Amy Tan dice que Alex Haley es el modelo. Esa indiferencia... no lleva mas que a no saber quién somos y por qué somos lo que somos. Si, la ignorancia y la indiferencia son más sencillas y no duelen tanto. Pero hay unos cuantos valientes que no se rinden y conmueven.
Después de la misión, lo mejor sería que cada quien le pudiera rendir homenaje a los pilares de sus vidas y que pudieran observar el océano en aquél puerto a la misma hora, el mismo día del mismo mes sólo que cincuenta, cien, doscientos años después y ser "el que representa a todo aquél que se fué para nunca volver" ... y ser tocado... trascender porque ellos habían trascendido.
Las matatenas de colores... Después de todo, podía ser divertido. Dependía de cómo lo tomara y qué tanto me interesara.Etiquetas: admiración, conmovedor, Libros, miradas, muerte, trascendencia, vida